Presentación

Este blog está realizado con el objetivo de divulgar conocimientos sobre filosofía, ciencia, sociedad, política y espiritualidad en un intento de unir estas disciplinas que en la actualidad se estudian por separado. Continuar leyendo la presentación

sábado, 17 de noviembre de 2012

Las cuatro leyes de la naturaleza humana


Puedo estar observando con admiración un bonito gorrión que viene a posarse en nuestro jardín, mientras de pronto, el lindo gatito que a menudo venía a visitarme y a hacerme mimos, se abalanza sobre él, le arranca de un mordisco la cabeza, y empieza a engullirlo con evidente placer. ¿Es el tierno minino que momentos antes se dejaba acariciar apaciblemente, malo? ¿Qué ha pasado? Los juicios morales o éticos son el resultado por parte de la mente humana de clasificar o dividir en dos los actos a los que un humano puede atenerse. Pero evidentemente, el gatito no se encuentra en aquella clasificación. Simplemente, ha seguido sus instintos, abandonándose al placer del juego que produce la caza, y a la posterior degustación de su recompensa. Obedeciendo a las leyes de la naturaleza. A su instinto de supervivencia. Unas leyes que en mayor o menor grado, los humanos también acatamos, ya sea con conocimiento o a nivel inconsciente. Durante milenios, se han hecho intentos o experimentos sociales para contener a la bestia que habita en nuestro interior, y éstos han recibido el nombre de conducta moral o religión. Vamos a explicar ahora cuales son las leyes naturales o instintos que imperan en el hombre.

  1. Satisfacer las necesidades básicas de alimentos, agua y cobijo.
  2. La naturaleza nos ha hecho seres sociales, por lo tanto necesitamos de otros para hablar, intercambiar opiniones, aprender y cooperar.
  3. La necesidad biológica de perpetuar la especie nos ha provisto del deseo sexual, aunque yo difiero con muchos autores en que éste tiene una función meramente fisiológica para el humano, llegando, creo yo, a preferir éste la unión sexual con alguien con quien haya afinidad de caracteres, o se pueda producir una unión a nivel también emocional, no sólo física.

El tercer punto tiene una gran importancia, y es a menudo fuente de debate entre filósofos, biólogos y pensadores en general. Vamos a esclarecerlo. Hay autores que han afirmado que el hombre tiene el impulso de esparcir su semilla por los cuatro vientos, y que sólo la mujer aspira a aquella unión emocional, pues es ella la que gesta el bebé, y por lo tanto necesita también de los cuidados y la atención de un macho. La refutación de esto se establece por implacable lógica, aceptando las leyes evolutivas darwinianas. ¿Qué dice Darwin? Que sólo las especies que son mas eficientes en el aprovechamiento de los recursos(dígase energía, alimentos) del entorno, sobreviven. ¿Qué es más eficiente para la supervivencia de los bebés, una pareja unida por un vínculo emocional que será capaz de mover montañas para que su descendencia tenga éxito, o una mujer sola que se tiene que entender con innumerables machos que miran a los bebés de ella de forma indiferente?  Creo que la respuesta está dada. A los que se oponen en éste punto, diciendo que lo natural e instintivo es ser una máquina de follar, se les podría poner el ejemplo de los pájaros. Sí, los pájaros. La naturaleza es un libro bellísimo que nos muestra cotas altísimas de sabiduría. Sólo hay que acercarse a ella con la mente abierta. Los pájaros, señores míos, a) son monógamos, y b) el macho se queda cuidando los pollitos mientras la hembra va en busca de comida. No hace falta decir nada más respecto a éste punto.

  1. Y, misteriosamente, el hombre no se queda en éstos tres puntos anteriores, que se podría decir sin temor a equivocarme, forman parte de la mayoría de las especies del reino animal. El ser humano tiene, además, inteligencia. Conciencia de sí mismo, de su relación con el entorno, de su mundo, su universo. Esto provocó desde los mismos albores de la civilización, que el ser humano buscase algo más allá. Como mínimo una explicación a su existencia, un sentido a su devenir, intentar la comprensión de los fenómenos naturales, desarrollar la técnica para poder controlarlos y beneficiarse de ella para aumentar su bienestar, prever catástrofes, desarrollar nuevos tipos de organizaciones políticas o Estados que mejoren a las anteriores... así como la creación del Arte, la música, la ciencia, y hasta llegar a los conocimientos que los humanos poseemos mientras escribo estas líneas.


Una característica del ser humano(bueno... no de todos, pero por lo menos sí de algunos, entre los que yo me incluyo), es la de querer crear algo por encima de uno mismo. Nietzsche lo llamó Superhombre. A qué se refería el satírico y cachondo anticristo con eso del superhombre? No, no es un hombre alto, rubio y con los ojos azules. El Superhombre es aquel humano que ha aceptado que él forma parte de la naturaleza, y que es un sinsentido negar cualquiera de los cuatro principios instintivos que he enumerado con anterioridad. No sólo es un sinsentido, sino que por mucho que queramos, las fuerzas de la naturaleza que corren en nuestro interior, tarde o temprano reclamarán SU parte, y como no las hayamos tenido en cuenta a la hora de organizar nuestra viva diaria, éstas aparecerán, y de forma violenta e inesperada. El superhombre es aquel humano que se ha podido desembarazar ya de los dogmas o religiones, y ha aprendido a mirar en su interior, para poder tomar las decisiones de su vida. El superhombre es aquel humano que ha aprendido también a vivir en la incerteza que causa la caída de todos los dogmas o –ismos. Es aquel que sabe que por mucho que quiera saber y obtener respuestas firmes, no existen, y por tanto, mas vale dejar de preguntarse en cierto punto, y simplemente, disfrutar. Reír. Reírse de uno mismo y de su propia estupidez. Compartir. Admirar la belleza por el simple hecho de admirar la Belleza, y dar las gracias a la naturaleza por regalarnos tan preciado momento.

No soy un hombre, soy dinamita, dijo Nietzsche.
No soy un hombre, soy un hierro incandescente que irradia calor de forma lenta y prolongada, digo yo.

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